Cada primavera nos llaman tres o cuatro empresas que acaban de reformar una nave en el polígono y descubren, el viernes antes de la mudanza, que "limpio" y "acabado" no son lo mismo. El constructor ha retirado el escombro, ha barrido por encima y ha entregado llaves. El suelo tiene manchas de yeso, las carpinterías llevan pegatinas y silicona seca, y los cristales están velados por el polvo de radial.
Esto no es una queja contra los constructores. Es que la limpieza final de obra es un trabajo distinto, con producto y herramienta distintos, y casi nunca está en su contrato. Conviene saber dónde acaba uno y empieza el otro antes de firmar nada.
Qué suele hacer el constructor
En un contrato de obra estándar, la empresa constructora se compromete a retirar el escombro y dejar el espacio despejado. Eso incluye sacar los restos de material, los palés, los sacos y el embalaje al contenedor, y hacer un barrido general para poder entregar.
Lo que casi nunca incluye:
- Quitar restos de cemento, yeso y adhesivo pegados al suelo.
- Retirar silicona sobrante de juntas y encuentros.
- Despegar las protecciones y etiquetas de carpinterías y vidrios.
- Limpiar el cristal por las dos caras hasta dejarlo sin velo.
- Aseos completos, incluidos griferías, alicatado y sanitarios.
- Primer tratamiento del suelo antes de que entre el mobiliario.
Si esas seis líneas no están escritas en el contrato de obra, no van a estar hechas. Y no las descubres hasta que abres la persiana con las cajas ya en la puerta.
Las dos fases que sí funcionan
Cuando la obra es grande, lo eficiente es dividir el trabajo en dos entradas.
Fase gruesa. Se hace cuando ya no queda oficio trabajando pero antes de montar mobiliario. Aquí se raspa el suelo, se quitan cementos y adhesivos con espátula y decapante, se aspiran los rincones con equipo industrial, se despegan las protecciones y se hace un primer fregado a fondo. Es la parte sucia y la que más tiempo lleva.
Fase de acabado. Uno o dos días antes de la entrada. Cristales por las dos caras, carpinterías, aseos completos, mobiliario ya montado, luminarias y último fregado o tratamiento del suelo. Es lo que ve el cliente el primer día.
Hacerlo en una sola pasada sale más barato sobre el papel y peor en la práctica: si aún hay instaladores entrando, el trabajo se ensucia otra vez y acabas pagando un repaso que no estaba previsto.
Cuánto cuesta
En la comarca, una limpieza final de obra se mueve entre 4 y 9 euros por metro cuadrado, y ese rango es amplio por buenas razones. Un local diáfano recién pintado, con suelo de porcelánico y poca carpintería, se queda en el tramo bajo. Una nave con oficinas de planta, aseos nuevos, mucho cristal y restos de mortero pegados al hormigón se va al alto.
Lo que encarece de verdad:
- Cemento y mortero secos sobre el suelo. Si llevan semanas, hay que raspar. Lo que se limpia en frío el mismo día tarda una décima parte.
- Silicona en cristal. Se quita con cuchilla y mucha paciencia, sin rayar.
- Altura. Lucernarios, luminarias colgadas o cristal por encima de tres metros piden plataforma o pértiga, y eso son horas y equipo.
- Obras por fases con oficios entrando. Cada vuelta atrás es tiempo pagado dos veces.
Cuatro cosas que puedes exigir en el contrato de obra
Si aún no has firmado, mete estas líneas y te ahorrarás la discusión:
- Retirada de todos los restos de material, incluidos los pequeños, y no solo el escombro voluminoso.
- Eliminación de cemento, yeso y adhesivo del pavimento antes de la entrega.
- Retirada de protecciones, etiquetas y films de carpinterías, vidrios y sanitarios.
- Fecha real de fin de obra con margen para la limpieza, no la misma semana de la mudanza.
Y si ya has firmado sin eso, no pasa nada: se presupuesta aparte, pero pídelo con tiempo. Una nave de mil metros no se limpia en una tarde por muy urgente que sea.
Lo que hacemos nosotros
Vamos a verlo antes de dar precio, siempre. Miramos el tipo de suelo, cuánto resto hay pegado, cuántos metros de cristal y a qué altura, y cuántos aseos. Con eso sale el presupuesto cerrado por escrito en dos días laborables, con las dos fases separadas si hace falta.
Después de la entrega mucha gente aprovecha para dejar montado el mantenimiento periódico desde el primer día, sobre todo en naves industriales, donde el suelo nuevo aguanta mucho mejor si se friega desde el principio con el producto adecuado. Si quieres los números concretos antes de llamarnos, en la guía de limpieza final de obra están todos los tramos desglosados.